WING COMMANDER III: HEART OF THE TIGER

EL JUEGO MÁS CARO DE SU TIEMPO

Las imágenes del presente artículo han sido tomadas por el autor del mismo durante sus partidas. Todas ellas pertenecen a la versión para PC del juego disponible en GOG.

Ya hemos tenido ocasión de hablar aquí de los dos primeros Wing Commander. De ellos os destacamos lo divertidos que eran como títulos de combate espacial y lo avanzados que eran para su época. También comentamos como la tecnología primitiva de principios de los noventa parecía limitarlos en muchos de los elementos que su creador, Chris Roberts, quería plasmar sobre la pantalla. Cuándo en 1994 llegó a las tiendas el tercer juego de la saga, vino para superar esas barreras tecnológicas y ofrecer una experiencia como nunca antes se había vivido.

Wing Commander III: Heart of the Tiger vino a expandir y asentar las ideas y sistemas jugables que habían hecho famosas a las dos entregas anteriores, pero al mismo tiempo, por primera vez, vino a hacerlo invirtiendo a lo grande en esa vertiente cinematográfica que les caracterizaba. Esta vez sí, Roberts tuvo las herramientas y el presupuesto para llevar a cabo el juego de batallas espaciales que siempre había querido.

Plataformas: PC, PlayStation, Macintosh, 3DO

Plataforma en la que se analiza: PC

Año de lanzamiento: 1994

Desarrollador: ORIGIN Systems Inc.

Disponible en: GOG / Origin

Extras: Ninguno

NARRATIVA

De nuevo, y como siempre adelantado a su tiempo, el guión era maleable según las decisiones y acciones del jugador. La presentación que se hacía de estos caminos divergentes era tan sutil que resultaba perfectamente posible no ser consciente de haber pasado por uno de ellos. Acciones tan aparentemente mundanas como no lograr el 100% de los objetivos de una misión podían hacer que la historia de Wing Commander III: Heart of the Tiger tomase un nuevo rumbo y acabases luchando una batalla desesperada, y perdida de antemano, por salvar la Tierra. Alucinante, ¿verdad?

Aunque el juego incluía varios finales, y sólo uno de ellos era el considerado verdaderamente bueno —sobra decir que el más difícil y gratificante de conseguir—,  el punto de partida era exactamente el mismo para todos. El Capitán Blair (Mark Hamill) acaba destinado a la nave T.C.S Victory después de los acontecimiento de Wing Commander II y sus expansiones. Su novia ha sido capturada por los Kilrathi durante una misión secreta, y la guerra no va bien para el bando humano. Una situación compleja para nuestro piloto favorito; pero si somos lo bastante hábiles en la cabina de un caza estelar, todavía puede que acabemos poniendo contra las cuerdas a los Kilrathi.

Podemos argumentar que la propuesta era en exceso parecida a los anteriores juegos, y a medida que ésta progresaba íbamos comprobando que así era. No obstante, en este tercer juego había una serie de cambios sustanciales. Para empezar la interacción con el resto de personajes de la nave, muchos de los cuáles eran viejos conocidos, como Maniac o Hobbes, vio potenciado su significado. Hasta el momento, se habían limitado a conversaciones cuya principal utilidad era hacer llegar el argumento al jugador. Ahora, no tenían esa función en exclusiva.

Puesto que pasábamos a ser por primera vez capitán, eramos el encargado de transmitir las órdenes al resto de pilotos, que se encontraban a nuestro mando. Esto implicaba que nosotros elegíamos qué personaje nos acompañaba en cada misión. Algo que podría ser anecdótico si no fuera porque dependiendo de nuestra relación personal con cada uno de ellos, luchaban mejor o peor. Y esta relación estaba medida por un sistema de moral que, solo Chris Roberts sabe por qué, el jugador no podía ver.

Así, casi cada vez que teníamos una conversación con alguno de los personajes secundarios, se nos ofrecía responder una de dos opciones al tema que se nos planteaba. Sin nosotros saberlo, según la respuesta, la moral de dicho secundario, o de la nave al completo, podía crecer o decrecer. Este sistema llegaba a tal punto que en determinadas ocasiones nos tocaba dirimir en enfrentamientos entre varios secundarios, ganándonos las simpatías de uno y el rencor de otro dependiendo de a quién decidiésemos apoyar. Pero aún había más, ya que llegado cierto punto, incluso teníamos una relación amorosa con una de dos compañeras —o con ninguna, si preferíamos ser un tipo profesional y algo rompe corazones—. Quiero recordar que hablamos de un vídeo juego de 1994, años antes de juegos como Mass Effect y similares, y con apartado audiovisual construido mediante FMV como ya os contaremos más adelante en el artículo.

Este planteamiento narrativo, con los añadidos mencionados que se incluían, convertían a Wing Commander III: Heart of the Tiger en una verdadera experiencia cinematográfica, tal y como parecía buscar su creador desde que la primera entrega viera la luz en 1990.

No obstante, quedó lejos de ser perfecto. Puede resultar extraño, pero, por algún motivo, unas cuantas escenas de vídeo realmente esenciales —si queríamos entender algunos puntos del argumento, claro— quedaron fuera del juego. El por qué de esta decisión se me escapa. Por fortuna estas escenas fueron grabadas y hoy en día pueden visualizarse en muchos lugares, como en los extras del juego, pero en origen no era así.

JUGABILIDAD

Este es el aspecto que menos retoques tuvo con la tercera entrega. La mecánica básica estaba ya bien asentada desde el primer Wing Commander; secciones de diálogos y recorrido por nuestro crucero de batalla entre misiones, y combate en el espacio una vez salíamos con nuestro caza a luchar contra los felinos extraterrestres. Esto permanecía inalterado aquí, y tan sólo se vio mejorado al pulir una serie de características molestas y la introducción de algunas nuevas funciones.

Por ejemplo, las cien veces malditas partes en las que teníamos que atravesar un campo de asteroides habían sido eliminadas. El que había sido un recurso a mi juicio algo desafortunado, dada la cantidad de veces que aparecía, y lo frustrante que era, ya no sería utilizado en Wing Commander III: Heart of the Tiger. Y doy gracias por ello, la experiencia mejoraba notablemente.

Por otro lado, aunque pocas, el juego contó con algunas novedades que daban un salto muy grande en su camino a ser un mejor simulador de combate espacial. En este sentido, la posibilidad de poder escoger nuestro caza antes de cada misión, y aún más importante, seleccionar qué armamento lleva instalado antes de salir al combate lo dotaban de una profundidad jugable nunca antes vista en la saga.

Pensemos por ejemplo en una misión en la que es muy probable que según la inteligencia que obra en nuestro poder nos encontremos con cruceros de batalla enemigos. Llevar el caza más ligero y unos cuantos misiles con seguimiento por calor no van a ser muy efectivos. Pero montar un caza-bombardero armado con torpedos va a ser el terror de cualquier nave de línea con la que nos topemos; lidiar con los cazas enemigos, más ágiles y maniobrables, sin embargo, va a ser un auténtico quebradero de cabeza.

Pero no solo podíamos prepararnos a conciencia antes de salir a la misión; una vez en vuelo también podíamos tocar unos cuantos controles de nuestro caza estelar y con ello modificar nuestro estilo de juego y la manera de afrontar los objetivos. Por ejemplo, podíamos seleccionar si utilizar todas nuestras armas al tiempo, o solo unas pocas, si preferíamos otorgar más energía a los escudos, las armas o los motores, entre otros, sacrificándola de otros sistemas. Incluso darles órdenes a nuestros compañeros pilotos, que podían negarse a obedecer también. Sí, esto ya era posible en el anterior juego, pero era en este Wing Commander III: Heart of the Tiger cuándo realmente se le sacaba partido a estos detalles.

Esto es así porque por fin, en el tercer juego, las misiones gozaban de suficiente variedad como para transportar al jugador a diversas situaciones que requerían algo más que disparar a ciegas a todo lo que se moviese. Aparte de los perennes objetivos de <<acaba con todos>>, también los había de más tipos. Por ejemplo, disparar a un misil que porta un arma química y que dispone de un sistema de camuflaje, proteger a varios cruceros de batalla, eliminar a un caza enemigo en concreto, etcétera. Y además, por primera vez en la saga, combatíamos en la atmósfera de algún que otro planeta, y no sólo en el espacio.

Como decimos, la jugabilidad no había variado en exceso, ni se había desviado de la mecánica básica, pero a todos los efectos los cambios presentes hacían de Wing Commander III: Heart of the Tiger superior a sus pasadas entregas en lo jugable.

APARTADO AUDIOVISUAL

Es evidente, como ya habéis visto en las imágenes repartidas a lo largo del artículo, que el apartado audiovisual sufrió un cambio radical. Precisamente es este apartado el que tiene la culpa de que durante un tiempo fuera el juego más caro de la historia, dada la cantidad de dinero que hubo de ser invertida en el sueldo de los actores y los gastos de producción de lo que, a todos los efectos, era una película.

Para la narrativa, metiendo en este saco a las escenas de vídeo y nuestro movimiento por la T.C.S Victory, Chris Roberts y su equipo optaron por utilizar la tecnología del FMV y actores reales. Pero no se conformaron con contratar actores desconocidos. Al reparto sumaron estrellas de la talla de Malcolm McDowell (La Naranja Mecánica), John Rhys-Davies (El Señor de los Anillos) o Mark Hamill (La Guerra de las Galaxias). Todos ellos nombres bien conocidos, pero incluso entre los personajes de menos peso había caras reconocibles entonces como Ginger Lynn, Courtney Gains o Josh Lucas, entre otros. Si, con un reparto de lujo, era de esperar que las actuaciones estuviesen a la altura, alejadas de la segunda categoría en la que solían situarse el resto de juegos con este tipo de tecnología.

Pese a lo desfasado que nos pueda parecer hoy en día, en su momento era un espectáculo visual como nunca antes. Todo parecía indicar que el ocio electrónico y Hollywood irían de la mano en el futuro, y juegos como Wing Commander III: Heart of Tiger parecían una prueba irrefutable de ello. Los años y la tecnología avanzaron por otro camino, pero poco importa eso en este artículo.

En cambio, para las secciones jugables del título, el combate espacial, sus creadores apostaron por un motor gráfico en auténticas tres dimensiones por primera vez. Este salto supuso un cambio visual y jugable remarcable. Por fin las naves enemigas y la nuestra eran claramente distinguibles, así como otros elementos presentes en el escenario. Por limitada que pueda resultar su calidad actual, esto habilitó que fuese posible atacar con claridad los flancos de una nave, u otro tipo de maniobras y dinámicas impensables en los dos títulos anteriores..

Huelga decir que este despliegue visual tan puntero en 1994 supuso un quebradero de cabeza para muchos. Wing Commander III: Heart of the Tiger exigía un equipo muy potente en su día, y aunque sus requisitos hoy nos parezcan irrisorios —50 Mb de espacio en disco duro era una bestialidad por aquel entonces—, solo atestiguan que se trataba de uno de los lanzamientos más destacados de su época. Una auténtica superproducción.

REFLEXIÓN FINAL

Wing Commander III: Heart of the Tiger supuso un antes y un después para la saga. Nunca más abandonaría la técnica del Full Motion Video. El formato de película interactiva, como se le denominó entonces, sería el que a partir de entonces quedaría ligado a esta franquicia. Y aunque en otros casos esto fue una pésima decisión, en Wing Commander no solo funcionó, sino que le hizo ser mejor vídeo juego.

Así, una serie de juegos que hasta entonces había sido exitosa, pasó a ser una auténtica superventas. Da igual que fuese una inversión considerable para Origin, pues no cabe duda que consiguieron recuperarla con creces. Los jugadores, en cambio, obtuvimos un juego único y fascinante que aún hoy sigue siendo una experiencia llamativa y divertida. Pocas veces podía decirse que nos habíamos sentido pilotos de élite hasta este momento.

¿Podía ser Wing Commander III: Heart of the Tiger superado? Sí, como es evidente, por su secuela, Wing Commander IV: The Price of Freedom, del que hablaremos en otra ocasión.

¿SABÍAS QUE…?

  • Originalmente estaba previsto que Charlton Heston hiciese el papel del Almirante Tolwyn pero su caché de 100.000$ resultó excesivo para el equipo.
  • Durante la pre-producción Origin se gastó unos 15.000$ en película de 16mm, sólo para descubrir que hacer la grabación en cintas hacía más fácil el proceso de digitalización posterior para el juego.
  • Con un coste de unos 3 millones de dólares, fue el juego más caro de producir de su tiempo. Este honor acabaría por arrebatárselo su secuela, Wing Commander IV.
  • La misión final del juego no debía ser tan sencilla, pero un bug (error de programación) inesperado que nunca se ha llegado a corregir hacía de la última parte de esta misión algo mucho más asequible de lo que originalmente se planteó.
  • Junto al manual, en la caja de Wing Commander III: Heart of the Tiger podíamos encontrar numerosos extras. Uno de ellos era una pequeña guía de trasfondo en la que se hacía mención a un supuesto HoloVid (una película) llamada Hail SHODAN. Esta es una referencia al vídeo juego System Shock, y la IA SHODAN presente en él.
  • Una vez terminan los títulos de crédito se reproduce una breve toma falsa en la que el personaje Maniac le comenta a otro miembro de la tripulación, tras hablar con el Capitán Blair (Mark Hamill), si ese no era Luke Skywalker.
  • La revista Micromanía, en su número de febrero de 1995, le otorgó una nota de 92 sobre 100. De él dijo: <<Casi todo es destacable en esta tercera entrega de la popular saga, especialmente las películas, el impresionante sonido y la jugabilidad>>.

LA VISIÓN DE LA ÉPOCA

VÍDEO PRÓXIMO NIVEL 2.0

Y el mes que viene…PENUMBRA: OVERTURE

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. feisal86 dice:

    Tengo buenos recuerdos de este Wing Commander III, aunque apenas lo probé en su día, y esos recuerdos vienen de crío, de ver la carátula del juego y reconocer en él nada menos que a Luke Skywalker. Precisamente y empezando, allá por el 94, mi afición por Star Wars, llegué a pensar que este Wing Commander formaba parte de la saga, ya que al estar ambientado en el espacio, con naves y criaturas alienígenas, estuve creyendo durante bastantes años que era un videojuego que transcurría después de El retorno del jedi, al ver a Luke con pelo corto y aspecto más maduro, jajaja. Y tengo el vago y lejano recuerdo de verlo jugar a algún pariente mío que, en aquellos años, tenía la inmensa suerte de poseer un PC en casa. Me impresionaron, como comentas en el análisis, las secuencias de vídeo, en las que aparecen Malcolm McDowell haciendo de Malcolm McDowell: provocar inquietud con esa mirada diabólica que siempre ha gastado. En aquella época, los videojuegos para mí eran la Gameboy, la Super Nintendo o la Mega Drive, es decir, Mario, Sonic, Street Fighter y compañía.

    Esto me flipó muchísimo, era de otro nivel, y por eso conservo gratos recuerdos de este juego y esa portada, cuando el mundo videojueguil estaba empezando a dejar de gatear para ponerse a andar, y sin duda este Wing Commander III supuso un estirón.

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